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Monday, May 23, 2005

Tónico




Tratando de solucionar mi problema compré un tratamiento carísimo de esos de las ventas por televisión que resultó en más acné, probé el jabón de tepezcohuite que mi hermana me mandó por correo, mismo que me dejó la cara más seca que hasta parpadear me dolía y aún así mis sebosos amigos se las ingeniaban para salir. Cada día se desarrollaba en mi el miedo de abrir los ojos y descubrir cuantas nuevas erupciones adornarían mi cara, dicen que exagero, pero quien no lo ha vivido nada sabe de lo que hablo.

Un día sin buscar, en una tienda de un aeropuerto encontré un tratamiento que me ofrecía una solución, sin tener nada más que perder (mi dinero o mis barros), tomé mi tarjeta de crédito la misma que comparto con mi esposo y viola!!! Tarjetazo.

Uno por uno el empedrado de mi cara se fue desvaneciendo, era como un milagro, muy feliz seguí al pie de la letra las instrucciones, lavar la cara con el jabón, aplicar el tónico, y después el humectante, un mes de tratamiento y mi cara lucía como nunca. El tónico era el que se acababa velozmente, poniéndome en la necesidad de ir al centro comercial y comprar más.

Odio ir a las tiendas, así que era vivir con granos y aprender a ser feliz o ir al centro comercial no tener granos y no aprender nada. Después de extensa deliberación me decidí ir a la tienda. Me estacioné en la parte trasera para evitar todo el congestionamiento de gente en la entrada principal, entré por atrás llegar al mostrador de las cremas en un par de pasos, el plan era… pedir lo que quería, pagar y salir corriendo.

Llegué al mostrador, el tónico estaba visible, lo pedí a la empleada que muy amablemente me saludo:

- ¿Para qué necesita usted este tónico, usted no tiene acné?
Secamente contesté - Pero, tenía.
- Nunca lo hubiera creído su piel luce estupenda.
- Gracias que amable.
- Tiene usted alguna pregunta sobre nuestros productos.
- No, me gustan mucho, gracias.
- Ya que usted está aquí le gustaría que le maquille sus ojos, tiene usted unos ojos muy interesantes.

No sé que me pasó, hubo algo en mi interior que me decía que debería de aceptar la invitación, además nunca nadie me había maquillado antes, me preguntaba cómo lucirían mis ojos, después de no quererme ver al espejo por meses, ahora tendría la oportunidad de disfrutar mis ojitos por una tarde. Le dije -Sí claro.

Me sentó en uno de esos banquillos altos una luz potentísima me alumbraba la cara, me puso crema en los parpados y comenzó a colorear, cada medio minuto me hacía que me viera en el espejo que estaba a mi derecha, yo elogiaba su trabajo y así pasamos un rato. Yo me empecé a preocupar cuando pasaban los minutos y ella sólo se concentraba en mi ojo izquierdo, no había tocado mi ojo derecho.

Corregía su trabajo, me decía que si los colores así que si los colores asado, ¿qué no me va a pintar el otro ojo?, parece que no. Se me quedaba viendo por largo tiempo, criticaba su obra, movía la cabeza, asintía, abría la boca para mencionar a medias uno que otro color, como haciendo una lista. No me preocupaba la salida del centro comercial con un ojo pintado y el otro no, lo que me preocupaba era mi incapacidad de preguntarle... de pedirle que me pintara los dos ojos.

Dibujaba en mi mente los atajos que tomar para ser vista por menos gente y como llegaría a casa. Cuando al final me dijo que ya había terminado mi ojo, alguien la llamó, me pidió que la esperara unos minutos. Tomé rápidamente el delineador de ojos y alcancé a dibujar una línea en mi parpado inferior de mi ojo derecho, ví que se acercaba y dejé el lápiz donde estaba.

- ¿Qué le parece?
- Muy bien. Enfatizando. MI OJO SE VE MUY BIEN.
- Gracias, de verdad brinda más luminosidad a su cara.

Ella notó que mi ojo derecho estaba delineado, - ¿Fui yo la que pintó esa línea en su otro ojo?

Contesté nerviosa - No fui yo quería ver como funcionaba su delineador
- Es excelente, ¿no cree?
- Sí buenísimo
- Déjeme quitar esa línea de su ojo.
- No. Contesté nerviosa.
- Permítame, si no es nada, miré hacia arriba.

Maldecía en silencio la hora en que me vio, mi ojo izquierdo estaba para aparecer en la portada de cualquier revista y en cambio mi ojo derecho se veía pequeño, pálido, tímido. Yo estaba lista para correr. Veía la marca del foco se leía SILVANIA pensando que todavía no había pagado mi tónico, seguramente tendría que hacerlo con mi dispareja apariencia. Me empezaba a resignar.

Al terminar esto ella me dijo:

- ¿Le puedo preguntar de dónde es usted?
- Soy mexicana

Me miró con los ojos muy... muy abiertos, ¿en serio?. Sin que nada más me importara le dije: - Sí. Yo estaba ya lista para pagar, intenté ponerme de pie pero ella me lo impidió se acercaba a mi sin quitarme la mirada de encima. - Dígame por favor si usted ha estado alguna vez en la Basílica de Guadalupe. En un tono indiferente le dije que sí. Ella estaba lista para explotar, permaneció muy cerca de mi sin dejar que me moviera.

– - Dígame ¿cómo es?
– - ¿Qué?
– - La Vírgen
– - Ahhhh ...muy bonita

Ella respiraba rápidamente por la emoción, pero dígame más por favor. Me rogó. Pues es muy bonita, ella interrumpió -seguro que se siente su poder desde que entra uno a su templo. - Ehhh sí el edifico es impresionante muy moderno. A ella no le importaba la arquitectura me di cuenta. - Pues la gente la respeta mucho. Afirmé.

Ella con tristeza en la mirada me dijo: - Usted es muy afortunada, muchos daríamos lo que fuera para poder verla. Hablaba en serio, más miedo me dio, con temor a contradecirla murmure: - Es cierto. Ella dejó de hablar me seguía mirando, yo le sonreí ella no reaccionó. Volvió en sí como si acabara de despertar...Suspiró...

- ¿Está usted lista?
No muy segura contesté
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué?
- Sí, ¿para qué?

Me sonrió: - no se va a ir con un solo ojo pintado, ¿verdad?.

Fabiola

Thursday, May 19, 2005

Nos dijimos

Había algo de masculino en ella, debo confesar que era lo que más me atraía. Después de años de tratar y tratar, me había cansado de las mujeres complicadas, algunos consideran el género femenino como sinónimo de complejidad, pero no lo es en todos los casos.

Pero quiero hablar de aquellas que sí son complicadas… sí de esas mujeres que arman un drama por todo: por lo que haz hecho, por lo que no haz hecho, por lo que dejaste de hacer, por lo que intentaste hacer pero no te salió, por lo que piensas hacer. Cada una de tus acciones, pensamientos e intenciones están bajo su lente escudriñador. Sinceramente ya estaba cansado.

Encontrándome en este estado fue cuando la conocí…todo se dio fácil… era casi un sueño; temiendo despertar solo y con el malestar le propuse nos fuéramos a vivir juntos, no podía dejar ir a aquella belleza, quien tomaba cerveza como cosaco, eructaba sin pudor y más importante su mente estaba libre de malos entendidos, disculpas, dramas y reclamos…debía de estar soñando esto no puede ser verdad.

Pero lo era… y como soy un hombre de pocas palabras voy a ir directo al punto, pasé los tres años más felices de mi vida, para ser un sueño pues no estaba nada mal. ¿Mencioné que ella es honesta? y no me refiero a las personas que se dicen honestas por compromiso, ella lo era en cuerpo y alma. Algunas veces podía ser dolorosamente honesta… nada más no me esperaba lo que estaba por venir.

Un día sin más me vi fuera del apartamento que compartíamos, respiraba con dificultad y pensé que en ese mismo instante iba a morir de rabia.

Una voz en mi cabeza me decía que todo iba a estar bien, que en realidad aquello no estaba ocurriendo, yo estaba enamorado hasta los huesos, a veces dolía sentir tanto amor.

La misma voz me dijo que caminara que si caminaba me iba a sentir mejor, traté de respirar, tomaba aire con mi nariz pero me salía por la boca no lograba retenerlo, veía todo…la vida, la calle, la ciudad como sino estuviera ahí, lo veía todo como si lo estuviera recordando, me desdoblaba eso era… me estaba desdoblando.

Pasé por un puesto de flores, compré rosas…muchas…para ella…todo el dinero que traía en el bolsillo. A todas las mujeres les gustan las rosas me dijo la señora que me las vendió, yo sólo le dije: - sí, ¿verdad?.

Ahora con mis flores la tenía que enfrentar. Caminé de vuelta pensando que debía de haber un error, sí un malentendido eso debe de ser, después de todo ella era mujer y algún día debía de haber uno, pero la voz me decía: - no te hagas pendejo sabes que no es así, ella fue clara.

Toque a la puerta, me sentía ajeno, llevaba la llave en mi bolsillo, ella abrió la puerta tranquila con una mirada de preocupación cuando vio las flores que cubrían mi cara. – No me hagas esto por favor, sólo te estoy siendo sincera. Además desde que empezamos lo dijimos, no sé por qué estás reaccionando así, no es nada…nada.

Algo me hizo click en la cabeza. Ella tiene razón, sí… lo dijimos no una vez… mil veces, a qué puta hora le dije que sí. Dejé las flores sobre la mesa, ella estaba compuesta mirándome extrañada, nunca se espero mi reacción. Mi cabeza no me daba para decir nada inteligente, lo único que atinaba a decir eran te quieros en una medida de desesperación.

Ella me decía: - yo también te quiero. Lo que te estoy diciendo no tiene nada que ver con el amor que te tengo.

Cierto…lo sabía digamos a nivel intelectual, pero vamos a nivel carne me volvía loco me hacía rabiar, si hubiera podido hacerla pedazos cada vez que lo repetía lo hubiera hecho lo que quería era reducirla a nada, no podía aguantar el dolor que me hacía sentir su honestidad.

Ella me hablaba despacio para hacerme entrar en razón: -Yo te quiero, pero si quiero hacerlo. Es sólo para experimentar y para no sentirme encerrada en esta relación, lo único que te pido es un respiro nada más. Yo pensé que estabas de acuerdo con la idea. Lo hablamos mil veces y tú me dijiste que sólo te avisara que hasta te latía la idea de participar, y ve cuando lo hago te vuelves loco y hasta flores me traes.

En lugar de calmarme, más me encabroné…estallé: - Pues sabes qué, ya lo pensé y no, no estoy de acuerdo y hazle como quieras, nadie a mi me va a venir a ver la cara de pendejo.

Ella blanca sin saber con quien estaba tratando me gritó: – pero tú me dijiste. – Si ya sé pero ya cambié de opinión. Levanté mi mano, la señalaba amenazante, - óyelo bien, nadie…nadie mientras yo viva se va a coger a mi vieja. Después de decirlo me sentí mucho mejor.




Fabiola
Mayo 2005.

Monday, May 16, 2005

La vida de los pájaros




Descansábamos en el corredor, habíamos trabajado en la casa desde la mañana. Ella inició la conversación diciendo: - Mira aquél pájaro - ¿Cuál? Respondí. - Ese que está en la rama. Asentí con la cabeza para dejarle saber que ya lo veía. - Me pregunto ¿qué tipo de pájaro es? - Samuel ¿tú sabes? - No, no sé.

Ella continúo... se ve que acaba de salir del nido, está aprendiendo a volar, si te pones a pensar, para él todo es nuevo, ha vivido lo que tiene de vida en lo alto del árbol, nunca a sentido el pasto bajo sus patas, no se ha acostumbrado al aire en sus alas.

Samuel interrumpió. A los pájaros de ese tamaño les toma sólo dos semanas para alcanzar el tamaño de sus padres. Cuando lo logran es hora de dejar el nido.

- ¡Mira lo que hace! toma pequeños riesgos, primero de una rama a otra. ¡Mira se ha parado en el bebedero! apuesto que es la primera vez que toma agua.
- Sus padres ya los han dejado, ya es hora que vuelen por sí solos. Samuel agregó.


Yo no abrí la boca por que a mí no me importa la vida de los pájaros.

Fabiola
Mayo 2005

Sunday, May 08, 2005

Yo soy el nieto




A simple vista se podía decir que él era un perdedor, un pobre hombre sin fortuna, sin un techo donde vivir, sin tener segura la comida de mañana. Nadie entendía al abuelo como yo, ambos buscábamos las mismas cosas en la vida, él es el único hombre feliz que conozco; para quien no tiene la felicidad en el corazón simplemente es imposible verla.

Mi abuelo vive con mi tío Víctor, quien no para de criticarle sus ideas de libertad, en el fondo mi tío guarda un profundo resentimiento hacia el abuelo, porque al parecer fue muy difícil crecer en casa. Era...dicen una casa de locos en donde mi abuela no paraba de rezar para que mi abuelo cambiara y se pusiera a trabajar, mientras el abuelo trataba de armar un ejército de libre pensadores, quienes al final del tiempo serían los que salvarían al mundo de su ruina. Maldecía a la Iglesia y peleaba con la abuela sobre sus creencias, ella sin saber que hacer lo rociaba de agua bendita abría sus brazos e imploraba a su Dios por la salvación de la perdida alma de mi abuelo.

Dicen que la abuela después de estas confrontaciones caía en cama enferma por semanas, incapaz de levantarse y era el abuelo quien tomaba el mando de la casa, atendiendo a los hijos, llevándolos a la escuela, alimentándolos y ayudándoles con sus tareas. El abuelo disfrutaba tanto aquel tiempo con sus hijos, aunque no podía ocultar sus tristeza, podríamos llamarla decepción al ver que ellos crecían rápidamente, dejando ver cada vez más el parecido que tenían con la abuela.

Los hijos de ellos dos sin saber para donde mirar y para donde correr compensaban en parte la locura familiar luchando incansablemente hasta crear una vida “normal” en la que hubiera estructura... orden donde el papá fuese a trabajar, la mamá se quedara en casa a cuidar a los niños y sobre todo que la idea de Dios estuviese clara.
Si me preguntas cómo hace mi abuelo para saber el futuro no te lo puedo decir, creo que su mente y su espíritu trascienden las fronteras del mundo y las ideas. Un día en el que fumábamos en el jardín me dijo: - Ismael, confió plenamente en tu juicio. Estoy seguro que sabrás lo que hacer cuando llegue el momento. Sabía exactamente a lo que se refería, inmediatamente después que terminó decirme esto, sentí una extraña sensación de haber estado antes allí, de haber escuchado a mi abuelo decir las mismas palabras, dejá vu...

Tomamos a Petro nuestro perro y digo nuestro por que el abuelo me lo había encargado, me dijo que cuando él muriera yo me haría cargo del animal, que sería un hijo para mi, así que ese mismo día comencé a construir la relación, para que ante la ausencia de mi abuelo no se dejase morir de tristeza, era importante que el perro sobreviviera.

A mi abuelo no le importaba si tenía que esperar por el perro en el limbo, lo que era importante es que el animal pudiera adquirir la sabiduría necesaria para guiarlo a través del inframundo. Me decía: - Ismael sé que si muero iré al limbo, no tengo otro lugar a donde ir, pero esperaré a Petro para que me lleve a donde debo estar.

Oímos al tío Víctor gritar adentro de la casa, Petro ladraba sin cesar...

El hijo de mi tío había dejado de respirar, por alguna razón yacía en la calle en medio de un charco de sangre, todos en la casa gritaban y corrían... el cuadro era tan irreal que parecía sacado de una película, yo sin embargo tuve otra vez la sensación de haber vivido la escena con anterioridad no había nada de que preocuparse era un simple dejá vu...

La ambulancia llegó a la escena, el cuerpo de mi primo no respondía, era una masa de carne eso era lo que era... por primera vez sentí miedo ante la muerte, a quedar reducido a carne. Miré al abuelo y él miraba hacia el cielo como buscando algo.

Petro estaba serio, sabía la gravedad del asunto...

Me dijo mi abuelo, tu primo ya se ha marchado, se ha tirado de la ventana por miedo, pronto vendrá el perro que lo guiará al infierno de los cobardes. Y ahí estaba... un perro callejero apareció se acercaba al cuerpo de mi primo reclamando su pertenencia.

Yo me quedé helado ¿cómo hace el abuelo para saber estas cosas?, nadie más notó al animal, fue hasta que pusieron a mi primo en la camilla y lo subieron a la ambulancia, que el perro enfureció y comenzó a ladrarle a los socorristas, uno de ellos atinó a darle una patada en el hocico para callarlo. El animal orgulloso no reaccionó ante la agresión y se quedó quieto hasta que cerraron la puerta de la ambulancia. Mi tío iba acompañando a mi primo.

Vimos partir a la ambulancia, mi tía iba siguiéndolos en auto. En cuanto se pusieron en marcha el perro que esperaba salió disparado corriendo tras la ambulancia, aquel animal no era de este mundo en cuestión de segundos los había alcanzado su existencia tenía un solo propósito guiar a mi primo hacia el infierno de los cobardes.

El animal se le cruzó a mi tía por enfrente, lo que hizo que ella pisara los frenos con toda su fuerza para evitar atropellarlo. Todos presenciábamos la escena, sucedió cuando llegaron a la esquina de la calle, el auto de mi tía dio un trompo y con la parte trasera llegó a golpear la ambulancia, la ambulancia perdió el control y se estrelló contra el poste de la luz.

Corrimos todos ante lo que había sucedido ante nuestros ojos. Mi abuelo y Petro se quedaron atrás mirando hacia el cielo, ellos ya sabían que no teníamos salvación, cuando viré mi mirada para ver lo que hacían pude ver las luces en el cielo. Mi abuelo me miró, me hizo una señal para que regresara, entre el caos no pude escuchar lo que me dijo, pero leí sus labios: - El fin ha comenzado. De nuevo volví a sentir la deliciosa sensación de dejá vu...


Fabiola
Mayo ´05

Saturday, May 07, 2005

Tenancintla



La enfermedad se la comía por dentro, ambas lo sabíamos. El médico habló con ella ayer tarde, en un tono poco convincente me dijo que todo iba bien y que pronto la enfermedad cedería.

Cuando llegamos a su casa, ella se sentó en el sofá exhalando profundamente mostrando su cansancio, de manera informal casi infantil me pidió que la acompañara a Tenancintla el fin de semana.

Pensé, esta mujer debe de estar loca, han de ser las medicinas que toma la han trastornado. El viaje nos representaría estar sentadas en un autobús por ocho horas. Su cuerpo últimamente lucía más débil que nunca, yo dudé que ella aguantara el viaje.

Cuando le pregunté, cual era el interés de ir a aquél lejano lugar, me contestó que había escuchado era un pueblito muy pintoresco clavado en la Sierra, que el aire era fresco, que la atmósfera del lugar era lenta, justo lo que necesitaba para terminar de sanarse.

Ante mi primer rechazo ella insistió diciéndome que celebraríamos que estaba tan pronta a recuperarse, fui incapaz de decir no. En contra de mi voluntad y cargando con la responsabilidad de ella acepté hacer el viaje.

El viernes por la mañana pasé por ella a su casa y tomamos un taxi hacia la estación, llevábamos poco equipaje, una mochila en nuestras espaldas, me daba la impresión que tarde o temprano ella se rompería ante el peso de la mochila, que aunque liviana era suficiente para hacerla sudar.

Esperábamos el camión, ella estaba emocionada como una niña, todavía se podían ver en sus enflaquecidos brazos las marcas que dejaron el suero y las miles de inyecciones que había recibido. Ella miraba insistente por las grandes ventanas de la terminal esperando el arribo del camión.

Sentada abrazando su bolsa comenzó a toser un poco, al principio no hice caso, su tos rápidamente se convirtió en un impulso incontrolable, tosía y tosía sin poder respirar, su rostro enrojecía, sus ojos parecían saltar de sus órbitas...en cuestión de segundos todos en la estación nos miraban sorprendidos, ella agitaba sus brazos tratando dando la impresión que pronto pasaría.

Tomé mi botella de agua y se la ofrecí, ella tomó unos cuantos sorbos lo que ayudó y en cuestión de minutos su roja cara sonreía aliviada. Yo estaba enojada de mi flaqueza de no poder decir que no, este viaje era una estupidez, me sentía preocupada, ella debería de estar en casa descansando y no aquí esperando hacer un viaje tan difícil.

Sin más le dije: - No podemos ir, no podemos ir contigo así. Ella muy hábilmente no reaccionó ante mis palabras. Yo no me atreví a tocarla, pero la hubiera agarrado del brazo y me la hubiera llevado a rastras a su casa. Ella sólo me dijo: - No te apures ya me siento bien, el viaje va a estar bonito. Traté por todos lo medios de persuadirla de que esta idea era una locura, pero no tenía la fuerza en mi corazón para ponerme más enérgica, pensaba que tal vez éste sería nuestro último viaje. Algo me decía que debía de hacer lo que ella quisiera, sí por lástima, odiaba admitirlo, pero todo lo hacía por lástima.

No me podía imaginar por lo que ella estaba pasando, el aferrarse a la vida con garras y dientes, el querer hacer un estúpido viaje que lo único que le traería más dolor y más cansancio.

El camión se asomó por el gran ventanal, éste era el momento decisivo, si abordábamos el autobús no había vuelta de hoja. Ella ni siquiera me miraba, no quería que mi mal humor le estropeara su aventura, casi dos años en el hospital si pueden tener efecto en tu alma.

Insistí en que fuéramos tal vez a otro lugar a la playa podíamos ir en avión, pero ella esta determinada a ir a Tenancintla, no hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión, era determinación era la que la tenía viva, los doctores no se explicaban como estaba respirando todavía.

Cargó su maleta con una sola mano, jamás la había visto hacer eso ni siquiera cuando estaba sana. Yo tenía ganas de salir gritando, estaba a sólo unos minutos de abordar el autobús con ella, no quería pensar en lo que le podía pasar durante el viaje. No conocía el lugar ni siquiera sabía si había un hospital o una clínica cerca, qué irresponsabilidad me decía a mi misma.

Faltaban 20 minutos para irnos, decidí que iría a la farmacia afuera de la estación para comprar más agua, ella se rehusó a acompañarme no quería correr el riesgo de perder el camión, se quedaría ahí para cuidar que no nos dejara.

En el camino a la farmacia no podía callar mi cabeza, me gritaba que no debíamos abordar el camión que debía llevarla a su casa a donde necesitaba estar. Tomé del refrigerador dos botellas de agua y pedí unos analgésicos más pensando en mi, estas medicinas eran como caramelos para ella ya no le hacían nada. Tomé una revista de chismes del anaquel para tener en que distraer mi mente durante este estúpido viaje, no lo había comenzado y ya lo empezaba a maldecir, esto era mala señal. - Ya estuvo de tonterías, pensé. Determinada a no tomar el camión. Esta era la claridad que necesitaba, mi sentido común por fin había tomado el mando. - No vamos a tomar el camión y punto, aliviada de la decisión busqué otra revista para leer en casa.

Un hombre miraba las revistas y me miraba a mi, era un hombre moreno y alto, sentía su mirada insistente, sentí que otro hombre entró en la farmacia lo supe por el sonido que produjeron sus zapatos.

Las cosas que llevaba en las manos cayeron al piso cuando el hombre que tenía a mi lado me tomó por sorpresa, me ahorcaba con su brazo derecho y me apuntaba la cabeza con su mano izquierda, podía sentir el frío metal de su arma en mi sien. No salían las palabras de mi boca, estaba demasiado asustada, pero me imaginaba que querían el dinero, era temprano para que los ladrones hicieran un buen botín.

La empleada con su bata blanca y los ojos llenos de miedo abrió la caja registradora y sacó unos cuantos billetes, no eran ni tres cientos pesos, el hombre que recibió el dinero exigió que le diéramos lo que traíamos, éramos tres en la farmacia, unas cuantas baratijas de oro y como doscientos pesos en efectivo, no sé que esperaban pero gritaba de furia al ver el mediocre botín.

Sentí un soplo ardiente en mi cabeza...cuando caía al vació escuché lo que decía el hombre: “"Tomen pendejos para que aprendan a traer dinero la próxima vez”" fue lo último que oí.


Fabiola
Mayo 2005

Wednesday, April 27, 2005

Comodidad




Él no podía ocultar su incomodidad, primero porque lo hice venir con mis amigos que en realidad no son sus amigos, además hablábamos de cosas que a él no le interesaban, trataba sí de mantener la conversación y de no hacer malas caras; eso de corazón se lo agradecía, sin embargo lo podia sentir; él estaba incómodo, eran sus ojos, la manera de sostener el cigarro, el no querer más vino.

Claudio uno de mis amigos más queridos venía regresando de la playa y con él trajo muchas sorpresas incluida una belga que apenas masticaba el español, nos hablábamos en espanglish más tirándole a belganish. Gracias a la belga no me tuve que soplar la escenita de él, reprochándome que me estaba cogiendo al Claudio, que aunque fuera cierto (que si lo era) pues muy mi asunto ¿no?.

Nunca habia visto tantas substancias juntas, vamos habían herbales, químicas, físicas y hasta eléctricas sí el Claudio se consiguió una máquina de toques. A el Claudio se le había metido la idea de seguir un método para la ingestión de las substancias. Dijo: -primero una química (para que se nos suba), después una herbal (para que se nos baje), una física (para no perder el piso) y por último unos toques (para estabilizar el pedo).

Él decidió que iba a manejar recientemente regresado de los Esteits pues todavía le podía el intoxicarse y conducir. Así que ya no me preocupe por la regresada que en primer lugar, pues aquí en México no nos quita el sueño eso.

En fin, yo perdí la cuenta con la tercera cosa que me metí, cumplí una química, dos herbales, la física se trataba de dejarse meter un madrazo por cualquiera de los presentes, yo pasé esa porque les prometí que le daría doble a los toques eléctricos. Personalmente creo que a mí lo que me pegó fueron los toques por que después de ahí, me valió madre la cara de él, veía cada vez más interesante al Claudio y podía entender a la belga, de verdad nos hablábamos y nos entendíamos. Debieron de ser los toques...

Alguien puso un disco de Deep Purple y la belga sin más ya estaba bailando encuerada en la cocina, para ser belga tenía unas chichotas, le entendí que su pecho venía de su madre italiana, Qué Dios Bendiga Italia !!!!!! Claudio y yo gritábamos a todo pulmón y nos cagábamos de risa en el piso sucio de la cocina. Claudio medio aprovechaba para meterme mano entre mi corta falda y la ausencia de sostén.

Empecé a sentir un calor que me mataba ya no fue necesaria la ropa, el Claudio ya se me había adelantado y en pelotas se fajaba a la belga en la cocina. No quería voltear a verlo a él porque estaba segura que lo que iba a recibir era una mirada de desaprobación, pero ohhh sorpresa!!! estaba tranquilo tomando directo de la botella, nuestro conductor designado había renunciado a su puesto.

Salí de la casa en pelotas por que se me ocurrió que quería tirarme en el pasto desnuda, quería sentir el pastito en mis nalgas y así lo hice. Él salió a toda velocidad para encontrarme me hecho a perder la sensación, porque se me tiró encima y lo que podía sentir era todo su peso que me ahogaba. Lo empujé para apartarlo por que además por la ventana de la cocina podía ver al Claudio y a la belga, me dije ¿por qué no me les uno? no le dije nada a él y salí corriendo.

Después no sé que me dió a medio camino empecé a dar vueltas vueltas vueltas vueltas, se me había olvidado el Claudio y sólo podía ver la velocidad en la que giraba era algo casi místico.... no pude más y me desplomé en el suelo y esta vez si pude sentir el pasto en mis nalgas.... me acordé del Claudio y comencé a gritarle Claudio!!!, Claudiooooo!!!!!, Claudiooooooo!!!!!!, podía sentir como mis palabras lo herían a él, sin mirar atrás corrí hacia la cocina... hacían el amor en la barra cuando estuve frente a ellos Claudio ni me miró pasaron dos segundos y gritó: AAAhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!


Fabiola
Abril 2005

Saturday, April 23, 2005

Y qué pasó con la novia? Parte II



Puedes encontrar la primera parte haz click en brunofazyoga



- ¿Y qué pasó con la novia?

Jonathan seguía preguntando, cuando se cerró la puerta del elevador pudo ver la boca de Margarita dando la respuesta que tanto deseaba.

Una de las secretarias lo interceptó de regreso a su cubículo y le dijo en voz baja -supimos que ella y Mr B estaban en Estados Unidos, la última vez, la vieron entrar a una clínica famosa por su discreción en la práctica de abortos.

Jonathan no quería creerlo, ella sería incapaz, él necesitaba verla... preguntarle...necesitaba una respuesta...una sola respuesta.

Trataba de no pensar que ella estaba a solas con Mr B, estuvo tentado a regresar con la secretaria y preguntar los detalles, pero no lo hizo, regresó fuera de sí a su cubículo, éste parecía más pequeño que lo normal, él sudaba profusamente las gotas caían sobre los papeles de su escritorio.

Vio pasar al alemán con su secretario, ambos clavaron la mirada en lo extraño de su apariencia.

Decidió tomar unos minutos para recobrar la compostura, dirigía sus pasos hacia el baño, abrió la puerta y lo primero que vio fue al alemán y al secretario lavándose las manos.

El rubio alemán hablaba en inglés con monótona voz dijo.

- Kid, do you want to know what happened to her?

Jonathan tomó torpemente un pedazo de papel de estraza para secarse el sudor.

El secretario se apartó del alemán caminó hacia la puerta puso el seguro y se quedó ahí .

El alemán esperaba la respuesta de Jonathan.

- Do you know where she is?
- People have told me you have a big penis, dijo con pesado acento alemán
- What?, what do you want from me?!
- Nothing Kid, don´t be afraid

Jonathan estaba atrapado, el alemán era la única persona que sabía el paradero de ella, él y Mr B eran socios.

- I want to know where she is. afirmó Jonathan envalentonado.
- Well, you know everything has a price, and the price in this case is your penis

Jonathan prefirió no oír la última frase, sus movimientos eran torpes, buscaba apoyo en alguna superficie, se tuvo que detener del lavatorio para no caer. El secretario se movió de la puerta para quedar frente a frente con Jonathan, él estaba muy confundido para reaccionar.

- We just want to see it, that´s all, dijo el secretario.
- Do we have a deal?, I tell you where she is and you show me your tool.

Jonathan se aferró con más fuerza al lavatorio.

El alemán le dio una señal al secretario, éste suavemente abrió la bragueta de Jonathan, el obscuro pene resaltaba en contraste con la blanca mano del secretario. El secretario dijo: - Well, I thought it was a rumor, but as a matter of fact you have a magnificent dick. Después se agachó y le comió la polla.



Para encontrar la tercera parte haz click en gallegoblog

Fabiola
Abril 2005


Wednesday, April 20, 2005

Sara




Sara pateaba la silla para llamar mi atención, ella sabía que no era necesario tal gesto porque de hecho yo tenía mi atención puesta en ella, lo que creo es que ella quería que los demás supieran que ella quería mi atención, en particular Néstor... algo se traían esos dos.

Néstor aparentaba no ver a Sara y ella arremetía con más fuerza contra la silla, cada golpe me sacudía entera, haciéndose el moviendo más obvio en mis senos que vibraban con cada embestida.

Seguimos ahí viéndonos y no, hablando con los demás y fumando hasta no sentir las piernas, Sara dejó mi silla en paz para concentrarse en lo que sentía, se despojó de la cinta que le sostenía el pelo, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

Néstor pasaba su lengua por su labio inferior una y otra vez dando la impresión de querer comérselo. Mi amigo con el que habia ido esa noche estaba tan intoxicado que decidió hacer una visita al jardín donde uno a uno habían salido los demás para tomar un poco de aire.

¿No sabes lo que acabas de hacer? me has dejado al alcance de mis predadores, pensé. Sara quien era más intuitiva que Néstor dejó que pasarán unos minutos para aparentar darse cuenta que estábamos los tres solos, él quien es más impulsivo de inmediato se movió para quedar a unos cuantos centímetros de distancia, Sara tranquila esperaba.

Yo ¿qué podía hacer? ¿tenía acaso alguna opción? cuando no sé que hacer pues simplemente no hago nada y eso hice... nada, además mi mente no se podía concentrar en otra cosa más que en el horrendo papel tapiz que cubría las paredes de la habitación, era de un color rojo descolorido con algunos dibujos en verde.

Sara suspiró lo que hizo que su plano pecho subiera y bajara, Néstor ya tenía su mano en mi muslo muy cerca, Sara volvió a suspirar lo que hacía que la mano de Néstor se acercara en distancia. Yo sentía que no había aire que respirar, sólo humo.

Néstor movió su silla hasta quedar frente a mi, Sara a su derecha...Sara a mi izquierda... en medio de los dos, él puso su otra mano en mi pecho donde está mi corazón, Sara volvió a suspirar pausando un poco, su mano había alcanzado el territorio en medio de mis piernas la delgada tela de mi falda era lo único que nos separaba.

¿Sara, qué no vas a hacer nada? repetía en mi cabeza, Néstor abría uno a uno los botones de mi blusa, yo miraba a Sara pidiendo piedad, Sara con los ojos cerrados volvió a suspirar haciendo mucho ruido al exhalar, Néstor era suave en mi pecho y entre mis piernas, yo entristecía me dejaba caer ante la indiferencia de Sara.

Néstor confiado cerró los ojos dejó su labio para besarme mientras sus manos se ocupaban de mi cuerpo.

Sara abrió los ojos, los abrió hasta el límite, tomó un respiro que le llenó los pulmones pateó con toda su fuerza la silla de Néstor lo que lo hizo caer al suelo, Sara ¿de donde sacaste esa navaja? ella se puso de pie inmensa, Néstor ante lo repentino de la acción atinó a ponerse en posición fetal y taparse la cabeza con los brazos. Sara con toda su voz y señalándolo con el arma dijo:

¡Cómo te atreves a tocarla, ella es mía!


Fabiola
Abril 2005.

Sunday, April 17, 2005

Silencio




Nada había cambiado en mi rutina, me había levantado a la misma hora con el mismo reloj despertador, trataba de descifrar qué era lo que había cambiado. Podía oír a los pájaros, todavía sorprendido por sus sonidos no podía entender cómo habían aprendido a cantar de aquella manera, ¿qué acaso los pájaros cantan en medio de este caos? para ser honestos era la primera vez que los oía... ¿he estado aquí antes?

Llevaba a todo lado mi libreta de notas, más como una necesidad que por un afán de captar los detalles, seguía yendo a los mismos lugares viendo a la misma gente, todo lucía igual por fuera, pero había algo en ellos que había cambiado desde adentro, por primera vez como a los pájaros ¡los podía escuchar! podía escuchar los sonidos de las puertas, de las nubes, del concreto de las calles... ponía atención... podía no sólo escuchar también podía ver a través de ellos se dibujaban transparentes los lugares y las personas dejando a flor de piel sus ecos y sus contrastes. El mundo se abría ante mi perdiendo una de sus capas, dejándome atestiguar sus interiores.

Mis compañeros de trabajo seguían incluyéndome en la conversación; resignados a mi muda respuesta. Yo... ¿qué puedo decir? hace sólo unos cuantos días tenía una opinión sobre todo algo que agregar, mi comentario era inevitable imprescindible que todos lo supieran, ¡qué digo! crucial para la vida de mis cercanos ¿cómo podían ir por la vida sin mis sabias palabras?

En mi vida me he dedicado a dejarme ir hacia fuera creando un eterno zumbido, distrayendo mi atención todos estos años... me he estado dando a la causa equivocada he estado mirando hacia la dirección contraria y sólo tres días, tres días me tomó para llegar al lugar en el que estoy... es como haber adquirido poderes... puedo ver y escuchar milagros frente a mis ojos.

Después de tres días, me siento despojado no tengo nada no hay certeza no hay deseos, me siento como nunca antes me había sentido. ¿Será esto lo que la gente busca? y yo lo he encontrado por casualidad.

¿Volveré algún día? me pregunto, después que me dan la palabra en la junta de gerentes, ¿de verdad piensan que tengo algo importante que decir? tengo casi cuarenta minutos sin seguir la conversación distraído viendo a través de los velos lo único que puedo hacer es cuestionarme ¿quiero tener el alma del mismo color que todos ellos?

Tomo mi libreta escribo despacio

Tengo laringitis, no puedo hablar

Es lo que escribo ahora

No tiene sentido de volver a la confusión

Nadie sabe, pero he decidido no pronunciar palabra por el resto de mi vida.


Fabiola
Abril 2005

Gracias B

Saturday, April 16, 2005

Cafeína




Sentía como se me iba la vida en cada aliento, necesitaba cafeína… arrastrando los pies llegué al mostrador y pedí aquél elixir que me daría la vida. Ella se me acercó con aquellos grandes ojos, aprovecho mi estado para decirme a sangre fría. – Ella me cae mal – se refería a la amiga con la que yo conversaba en una mesa del fondo. Fingí, como muchas veces, no haberla escuchado. Sus ojos no se apartaron de mí. – ¡Haz que se calle, te lo advierto!. No contesté y la ignoré.

Sé que mi amiga puede ser antipática, pero eso no era razón para pedirle que se callara, hablábamos de cosas personales, ambas tratando de encontrar respuestas a nuestras preguntas. Ella tiene una personalidad fuerte como su voz, la que dominaba cualquier espacio. Pronto las conversaciones de las otras mesas fueron ensordecidas por el monólogo de mi amiga.

Ella me decía a mi y a todos los presentes, cómo la hacía sentir la cercanía con el que ahora era su amante, me decía que la inseguridad que sentía venía del pensamiento de no merecer ser amada, culpaba a su padre por su imposibilidad de aceptar el amor. Ella tenía una incapacidad innata de no buscar solución al problema, estaba ocupada en encontrar las razones, las consecuencias, le causaba enojo el sólo escuchar una posible solución, se negaba a escuchar. Antes de levantarme había notado que algunos de los clientes de la cafetería nos veían de reojo esperando que sus miradas la hicieran callar.

Miré hacia el mostrador y pedí un café expreso, estaba exhausta de escuchar más que de hablar. El empleado de la cafetería tenía una sonrisita en su cara, no sé si se burlaba de mi por tener aguantar todo lo que la compañía de mi amiga me traía, cansancio, amenazas entre otras cosas. No fue hasta después del segundo intercambio de palabras que me di cuenta que me miraba A MI. Le pagué… me dio el café sin dejar de mirarme y sonreírme.

Los clientes me seguían con sus miradas sabiendo que en el momento en el que sentara mi amiga comenzaría a hablar de nuevo, un hombre se puso de pie y se paró frente a mi decidido a no dejarme llegar a la mesa, muy amablemente me pidió la hora, lo que le dio tiempo al empleado para darse cuenta que no me había dado el cambio, brincó sobre le mostrador tomando el puesto del hombre, quien se sentó no sin antes hacerle una señal de agradecimiento al empleado.

Él cuando estuvo cerca de mi caminó despacio dándose su tiempo, me dio el dinero en la mano. Me dijo: - ¿Le puedo hacer una pregunta? yo todavía no había podido tomar ni un sólo sorbo de café debido a la temperatura del líquido, lo que quería decir que mi cerebro funcionaba lento, ante el no saber que hacer no hice nada, no contesté, lo único que pude hacer fue parpadear, lo que él interpretó como un sí. Y sin más me dijo ya tuteándome, - Siento que hay algo entre tú y yo, no pude dejar de notarlo.

<>Yo estaba ahí, de pie con el cerebro prácticamente dormido zzz zzzz zzz todo se movía
d e s p a c i o… de pronto tuve un rayo de conciencia y me di cuenta que el hombre esperaba una respuesta, trataba de poner en orden mis pensamientos, 1) mi amiga me esta esperando, 2) hombre desconocido espera respuesta, 3) necesito tomar café, 4) mujer amenazante enojada, 5) volver a la mesa, aburrido, 6) ir con el hombre, emocionante, 7) tomar café con el hombre, mejor todavía.

De un lugar desconocido vino un halo de energía y claridad, me dirigí al hombre y le dije: - ¿Puedes tomar un descanso?, vamos allá afuera a hablar. Di media vuelta dándole la espalda a mi amiga, ante la silenciosa ovación de los clientes. Caminé con el hombre hasta el reloj checador, agujeró su tarjeta y me ofreció su brazo, el cual yo tomé, todavía esperaba a que el café se enfriara.

El me hablaba acercando su boca cada vez más, yo sostenía mi vaso de café como si fuese mi única esperanza de vida, la que pronto se desvaneció cuando lo dejé caer al piso cuando sus labios se posaron en los míos. El otro empleado salió a avisarle que su descanso ya había terminado, juró que fueron los quince minutos más cortos de toda mi vida.

Regresamos adentro él me preparó otro café, mi amiga me miraba con odio, cuando me dirigía a la mesa ella sin más se levantó no recuerdo muy bien que me dijo, pero por su gesto creo que no eran cosas muy agradables. Cuando salió del lugar, la gente no se pudo contener estallaron en aplausos y ovaciones.

Todavía sin entender me senté en la mesa y esperé paciente a que el café se enfriara. Después del primer sorbo, repetía en mi mente. - ¿Cómo me dijo que se llamaba?, ¿cómo me dijo que se llamaba?, sonriendo hacia el mostrador.

Fabiola

Abril 2005

Tabaco




- Venga comadre agárrese una escoba, vamos a barrer

- ¿Por qué será que la máquina está apagada?

- No sé, pero mientras, que el patrón vea que estamos haciendo algo

- Desde ayer por la tarde no la prenden, ¿qué será lo que esta pasando?

- Ese no es nuestro problema

Barrimos todo el galerón hasta que el patrón nos dijo que por hoy no iba a haber trabajo, nosotros ni nos quejamos porque sin papeles pues uno no puede decir mucho. Además trabajábamos en el empaque que siempre es mejor que cortar el tabaco, aunque a uno se le manchan las manos y el olor se queda para siempre, todo era mejor que estar bajo el sol cortando.

Caminé con Doña Clara por la carretera por que nadie se nos ofreció un raite, ella siempre derechita con su trenza bien arreglada, caminábamos despacio porque yo no quería apurarla, no nos dábamos cuenta del olor sólo cuando era muy fuerte, antes me preocupaba por taparme la nariz y la boca con un pañuelo, pero ya me había acostumbrado y ya no nos molestaba.

Llevábamos dos días sin trabajar y el patrón que no nos decía que pasaba, acompañé a Doña Clara hasta su casa, ella vivía en una trailita junto a la casa de su hija Ángeles, ella no trabajaba con nosotros, cuidaba a sus hijos y de los de nosotras, le pagábamos cada viernes.

Ángeles todavía hablaba de la casa que dejaron en México, se quejaba de la oscuridad y de la mala condición de la casa en la que vivía, su esposo cada fin de semana lo dedicaba a reparar los agujeros que fácilmente se hacían en las paredes y en el techo, por las termitas o por los aguaceros.

Después de dejar a Doña Clara en su casa, mis hijos y yo caminamos a nuestra casa, yo siempre preocupada por lo que le iba a dar de comer a mi familia. Fortuno mi marido no trabajaba desde el accidente que sufrió, nos dijeron que por ser ilegales no tenía derecho a la compensación, Doña Clara le mandó sus hierbas para sus tés y cada tercer día viene a verle la herida que poco a poco se va cerrando.

Ahora ya se puede levantar, me ayuda en lo que puede para que cuando llego con los niños, por lo menos tengamos frijolitos que meternos en la boca.

---

- Buenas ¿se puede?

- Sí pásele

- Doña Clara, la andamos buscando para ver si le da algo a mi niño, no se le quita la calentura desde ayer.

- Pásele aquí adentro, déjeme terminar de regar mis matitas.

Doña Clara entró a la traila y agarró al muchachito, me dijo que lo más seguro es que estuviera empachado, salió a su jardincito que lo cuidaba igual que una criatura, cortó unas varitas, esperó a que el agua que había puesto a calentar hirviera y mezcló las varitas. Yo le dije que a mi hijo le caía mal la leche de aquí que nada más no se acostumbraba, lo llevamos al doctor y no pudieron hacer nada por nosotros.

La enfermeras se desesperan con nosotros por que no sabemos hablar inglés y ellas insistían que no había nada de malo en la leche, pero ¿cómo no?, si mi pobre hijo desde que lo desteté no ha tenido un solo día bueno. A veces me siento mal por haberle quitado mi leche tan chiquito, pero ¿qué iba a hacer? Si le seguía dando no podía irme a trabajar.

Doña Clara quitó de la lumbre la infusión y la enfrió cuchareándola, no le sopló porque me dijo que se le mete el aire y sale peor la cosa. Cuando me despedí con mi chamaco en brazos bien dormido, me dio una bolsita con las hierbas para hacer el té en la casa. Mi hijo ya estaba fresquito y durmió toda la noche.

---

- Señora ábranos por favor

- ¿Quién es?

- Francisco y Consuelo

- ¿Qué se les ofrece tan tarde?

- Pues es que Consuelo está sangrando

Doña Clara envuelta en su cobija abrió la puerta y lo primero que vio fue mi falda manchada, - Muchacha ¿qué te pasó? Francisco habló por mí – Se cayó señora, ya ve que esta bien oscuro. Entramos los dos a la traila de Doña Clara, puso el agua a calentar y me vio los brazos bien magullados, Francisco olía a alcohol aunque con el susto de la sangre ya se le había bajado la embriaguez.

Ella se sentó frente a mí, yo sentía vergüenza y no la podía ver a la cara, Doña Clara no se dirigió a mí, veía a Francisco, - ¿Qué le pasó a la señora?, - Se cayó ahí en la entrada de la casa, sin bajar la guardia Doña Clara le dijo en la cara - ¿Qué no ves que esta embarazada?, yo no la puedo atender hasta que me digas que le pasó.

Francisco insistía que eso era lo que me había pasado, Doña Clara nunca me preguntó a mí. Me hizo un té y me lo dio, yo ya no lloraba. Francisco sabía que si me llevaba al Hospital iba a tener problemas, insistía en que me había caído, así duramos por un rato, yo me sentía tranquila que por lo menos Doña Clara había entendido que me pasaba.

Francisco frente a nosotras dos aceptó que borracho me había pegado, Doña Clara lo sacó de la traila y me atendió, gracias a Dios mi a mi bebé no le paso nada, Doña Clara me habló hasta que me tranquilicé y me hizo prometerle que no iba a permitir que Francisco me maltratara, me juró que la próxima vez ella misma le iba a echar a la policía porque eso no se le hace a una mujer y menos cuando esta esperando.

---

Pasé por Doña Clara en la mañana, bien arregladita ya me esperaba en la puerta de su traila,

- Buenos días Doña Clara

- Buenos días

- Vamonos doña, ojala que hoy si haya trabajo, no sé que voy a hacer si la máquina esta apagada otra vez, no hemos ganado nada esta semana…
- Tenga paciencia, Dios siempre socorre.



Fabiola
Abril 2005.

Thursday, April 14, 2005


esta soy yo...

Tuesday, April 05, 2005

El circo

A menudo me preguntan si fue difícil acostumbrarme, aunque podría simplemente inventar miles de historias, no sé por qué? siempre termino contando la verdad.

Lo más difícil de mi condición ha sido la falta de mis piernas, por supuesto como es la verdad, la gente no lo cree y de inmediato me dan una lista de cosas que para su modo de ver pudieron haber sido más difíciles.

El mundo... nunca llegaré a comprenderlo, tal parece que lo que quiere es que le diga uno mentiras y pensándolo bien, las mentiras sí abren puertas, hacen amigos, hacen ganar dinero. En cuanto la verdad sólo crea situaciones dolorosas, incómodas y algunas veces insoportables.

Yo no veo qué es? lo que les llama tanto la atención mi caso, es cierto he cambiado, pero quién no con el paso de los años? aunque tengo que dar crédito que mis cambios NO han sido los predecibles de la edad.

Pero aun así; no veo cuál es la cosa que fascina a la gente, la que la hace venir al circo, esperar en la fila, traer a los niños y la hace pagar por verme. Soy como cualquier otro, siento... pienso... vivo... nado...

Todos los días cuento mi historia como parte del espectáculo, ésta ha cambiado con los años, de tanto contarla he recordado y adherido detalles. Recuerdo con claridad el antes y el después, mi mente ha borrado cualquier recuerdo del durante. Aun así, hasta cuando estoy a solas me gusta repetirla, me gusta oír como se oyen las frases, algunas veces hasta yo misma me sorpendo de lo fantástico de mis palabras.

Los que iban conmigo aquella tarde, no han dejado de sentir pena por mi, y sinceramente uno no puede tener amigos que te tengan lástima, así que les he pedido que me dejen de frecuentar.

Con mi nueva vida han venido nuevos amigos, entre ellos los que me cuidan y alimentan, Rafael me cambia el agua cuando lo necesito y Gregorio me da de comer, de vez en cuando me trae un espejo para que me mire, pero !vamos! con la vaina de tener un ojo en cada lado de la cara sólo me puedo ver el perfil. Me gustaría poder verme completita como antes, aunque lo que ha cambiado es que lo que ahora veo me gusta, me fascina de hecho.

Recuerdo que era viernes, viernes santo... yo me moría de calor... me moría... caminábamos por la playa todos tranquilos conversando, llegó el momento en que no pude más, sin pensar en la sentencia que trae meterse al mar en esa fecha, me tiré un clavado que terminó con mi malestar y también con mi vida como humano.

Desperté siendo la mujer-pez del Circo.


Fabiola
Abril 2005

Thursday, March 31, 2005

La línea

Oí ladrar a los perros, apreté los dientes y corrí… Margara iba delante de mí parecía como un fantasma de esos que aparecen en la noche, yo no me atreví a mirar hacia atrás me conformaba con oír los pasos de las demás, ya casi lo habíamos logrado… malditos perros por qué no se murieron…

Margara llegó primero y encontró la puerta de la camioneta abierta, oímos los gritos de una de nosotros – ¡Margara los perros agarraron a alguien! – Súbete no hay tiempo – Y ¿qué, las vamos a dejar ahí? Margara ya estaba adentro.

Uno de los perros seguía ladrando, el otro se oía enfurecido me subí a la camioneta, la Margara le había robado las llaves a uno de los que nos cuidaban, al principio cuando conocí a la Margara pensé que era una mala mujer y no me caía bien, pero al final su pensamiento nos había traído hasta aquí. Ella no se dejaba tocar así nada más, trabajó en la frontera se había hecho dura y ya no le espantaba que la violaran; a los hombres que nos cuidaban les prometía hacerles ¿no sé qué tantas cosas? con lo que los tenía ocupados, a nosotros no nos molestaban, pienso que por nuestra edad o porque no éramos bonitas como la Margara.

- Regresémonos - Ni madres, regrésate tú yo ya me largo – Por caridad Margara esperémoslas.

Entre la obscuridad vi un bulto que se movía, sentí un escalofrío al pensar que uno de los hombres se había despertado, imposible, no podíamos tener tan mala suerte, ya teníamos bastante con que los malditos perros no se hubieran muerto aún con todo el veneno que les echamos.

Margara tenía buen corazón y se convenció que era mejor esperarlas. Vimos el bulto que se acercaba, era Calixta arrastrando a la señora Reina como un saco de harina sin voluntad.

La Margara conocía a los hombres en general, gracias a ella nos ganamos su confianza, habíamos perdido la cuenta de los días pero ya habían pasado muchos y nada de la pasada, nos tenían ahí para limpiarles y para darles de comer, a los hombres ya los habían cruzado y habían dejado a las mujeres solas atrás.

No sabíamos donde estábamos no se sentía que ya estuviéramos en los Estados Unidos, ya nos estábamos desesperando cuando se le ocurrió a la Margara que nos escapáramos, de todas maneras no les habíamos pagado nada, el trato fue pagarles con trabajo cuando llegáramos. Nos quejamos que había un chingo de ratas y que no dejaban dormir. El que usaba la camioneta fue a comprar veneno para matarlas, la Calixta quien cocinaba se puso buza y le puso veneno a la comida de los perros. Juro que esos malditos perros eran del diablo de otra manera no puedo explicar porque no se murieron.

Me bajé de la camioneta arriesgándome a que la Margara nos dejara a las tres, ayudé a Calixta con la señora Reina que estaba toda mordida. – Olieron a la señora y se le fueron encima, manita yo agarré un fierro que estaba ahí tirado y le di en la cabeza a uno, no me espanté te lo juro, a otro le di en el puritito hocico y se calló el maldito, andaban medio apendejados, por eso no nos mataron.

Subimos a la señora Reina a la camioneta…

Supimos que nos habíamos ganado la confianza de los hombres cuando a cambio de un menudo que les prepararía la Calixta la dejaron usar un cuchillo en la cocina, por el estómago aman y mueren los hombres. A mí ese día me mandaron a lavar la ropa, el lavadero estaba atrás de la troje, tenía uno que ser muy pendejo para no darse cuenta que éstos no sólo traficaban gente, llevaban unas cajas de vez en cuando y las montaban en la camioneta junto a la gente.

Habíamos presenciado varios pleitos entre el que le decían el sapo y el hombre viejo, que por cierto nunca supimos como se llamaba o como le decían. Las peleas las provocaba el sapo quien a leguas se veía que le gustaban harto las pastillas que venían en las cajas, se ponía contento, ponía la música a lo que daba, y bailaba.

Yo lave y lave ropa me metí a la troje dizque a buscar más jabón, me llené los bolsillos del delantal con las mentadas cápsulas el sapo habia dejado una de las cajas abiertas, deje la cosa como si nadie la hubiera tocado . La Calixta hizo el menudo le sacó todo el polvito a las cápsulas, y le puso un chingo de chile para disimular el sabor, de todas maneras los hombres iban a estar borrachos, hoy no había entrega y no estaba planeada nuestra pasada, se embriagaban confiando en que los perros nos vigilarían.

La señora Reina tenía una herida en la pierna y otra en el brazo, pero no se veía asustada. Margara era la única que sabía manejar arrancó la camioneta y agarramos para el Sur.


Fabiola

Último de Marzo

Wednesday, March 30, 2005

Nico

Gabriel y yo éramos amigos, amigos….amigos… de esos que se cuentan todo, no nos veíamos muy seguido pero cuando nos veíamos pasábamos horas y horas conversando. Después del trabajo, él iba a su segunda casa como él mismo la llamaba, la cafetería del centro, teniendo el ángel de Gabriel no le era difícil conocer a todos y más que eso que todos lo quisieran, incluyéndome yo.

Un día con cautela le pregunté a Gabriel sobre el nombre de su amigo, los había visto conversar un par de veces, me dijo: Nico. Sin más agregó - no eres la primera que me pregunta, por lo visto tiene mucha suerte con las mujeres. La segunda pregunta que hice fue la edad de Nico, Gabriel no se aguantó y con una sonrisa burlona me dijo: - Veintidós. Él sabía que su respuesta me haría dudar hasta los tobillos, y acertó. No pregunté más.

Gabriel con su cabecita loca se inventaba historias, lo mejor de todo es que todos se las creíamos. Ponía especial énfasis en las historias en las que estaba Nico, me contó que el sábado en casa de Sandra Nico se encuero todito y que permaneció borracho y desnudo por el resto de la noche hasta que una de las invitadas se lo llevó a dormir.

Sabía lo que hacía y pensaba Nico a través de los ojos y la imaginación de Gabriel. Yo exigía detalles, cada uno era invaluable, cuando regresaba a casa podía imaginar a Nico vistiendo cierta camisa, diciendo cierta frase, yendo a cierto lugar entre otras cosas. Me sorprendía repitiendo su nombre una y otra vez, y me reprochaba a mi misma esto.

Mis avances eran pocos e inútiles también, cada vez que nos encontrábamos frente a frente Gabriel nos presentaba – Nico te presento a … sin que eso ayudara mucho a mi situación. De Nico no recibía una sola palabra, de vez en cuando me veía a los ojos y levantaba las cejas en señal de saludo.

Gabriel me contó que Nico y él entraron en la discusión sobre como la sociedad programa a los individuos para cumplir con ciertos papeles útiles al capital. La discusión se extendió hasta tocar las identidades sexuales, Nico sostenía que todo esto de ser o no ser era obra del sistema. Su punto era que antes que cualquier etiqueta que se nos pusiera éramos seres humanos capaces de reconocer el amor en el alma. Gabriel siendo como es, le valió un pepino el tema, y contestó con monosílabos el resto de la conversación. Yo no lo podía creer, pero lo tuve que creer, esto era demasiado complicado para ser invención de mi amigo. Me podía imaginar a Nico genuinamente interesado en que la otra persona entendiera su punto de vista, en este caso Gabriel.

Le rogué mil veces a mi amigo que no me mencionara, pero ¿qué le voy a hacer? él tiene una cabecilla loca y no lo pudo evitar. Nico ahora sabía…

Por un par de semanas dejé de frecuentar los lugares en los que nos encontrábamos esperando que la efervescencia de la indiscreción de Gabriel se apaciguara. Era Lunes y los lunes siempre me daban la impresión de volver a empezar, así que decidí ir a la cafetería en la que Nico trabajaba esperando y no… encontrarlo.

Seria aparentando compostura me acerqué al mostrador, al no ver a Nico pude respirar tranquila, pedí mi café y me senté en una mesa, de la nada apareció Gabriel y sin más se sentó en mi mesa haciéndome dejar mi libro a un lado, mi sensación de alivio duró poco, de detrás de unas cajas salió Nico…con paso firme y sin apartar la mirada de mi se acercó a la mesa en la que estábamos Gabriel y yo. Yo moría… cuando llegó a la mesa, Gabriel se levantó para saludarlo, él recibió el abrazo sin dejar de mirarme a los ojos, juro que me estaba abrazando a mí, no entiendo ¿por qué? Gabriel se quedó de pie ambos me daban la cara, Nico corrió su brazo derecho por el pecho de Gabriel, no me había dejado de mirar, levantó una ceja y con las yemas de sus dedos acariciaba el pezón izquierdo de Gabriel, era un movimiento lento y circular. Él me miraba para registrar mi reacción, yo lo podía sentir, ¡Nico me estaba tocando a mi!. Crucé las piernas y fue peor, me puse roja… roja…y me reía sin sentido, pensaba en lo ridícula que me veía, Nico no parpadeaba y no me quitó la mirada de encima, seguía acariciando-me a Gabriel.

Estúpidamente me disculpé, tomé mi bolsa y dejé mi café a medio tomar y mi libro sobre la mesa, después de caminar dos cuadras todavía podía sentir el tacto de Nico sobre mi pecho.


Fabiola
Marzo, 2005

Sunday, March 20, 2005

Romelia

Llevábamos dando vueltas en el carro por más de una hora. Loco viajaba en el frente conmigo, Matos en el asiento trasero.

No había nada que hacer, las morrillas de la fiesta andaban muy pasadas, se juntaron en bolita en un rincón y de ahí nadie las sacó, no había nada más que esperar.

Loco no se había metido nada desde la última vez, que por cierto estuvo cabrona, Matos no quiso ni asomarse a ver que había no quiso nada, tranquilo miraba por la ventana. De la nada nos dijo: - Vamos a la Cañada. Loco sin pensar respondió: - ¿Para qué?.

Yo me preguntaba, ¿para qué querrá ir a la Cañada?, ahí no hay más que una que otra casilla de ricos y muchos terrenos baldíos.

Matos insistió – Vamos. Fue determinante, ni Loco ni yo nos atrevimos a decir nada tomé la Avenida que lleva a la Cañada, por el retrovisor miré la cara de Matos … no tenía gesto. Sentí que todo lo tenía planeado, que el salir de la fiesta, el tiempo dando vueltas sin rumbo y la repentina idea de la Cañada, eran parte de un todo … de un plan que solo Matos comprendía.

Llegamos sin contratiempos después de un largo silencio pregunté: - ¿Adónde me paró? dejó pasar unos minutos para contestar. Pasamos por un lote baldío no había luz.

Matos ordenó desde el asiento trasero: - Aquí párate. Vamos a caminar. - ¿Qué? estás bien pendejo, está bien obscuro, ve tú si quieres. Reclamé. – Vamos, dijo Loco, podía sentir arrogancia en su tono, rivalidad en el aire. Matos inmediatamente se bajó, Loco no espero razones y ya estaba afuera del carro. Ahí me dejaron, estaba claro que la cosa era entre ellos. Por la familiaridad con la que se conducían por el barrio, supe que yo era el único que no sabía donde estábamos. Matos y Loco lo tenían claro.

Todavía no comprendo ¿por qué? fui con ellos, empecé a sentir miedo, miedo de la obscuridad pero más miedo de la rivalidad que saturaba el aire, caminábamos internándonos en el lote, con una sola lámpara que Matos sostenía, nadie decía nada.

Loco empezó a correr en la obscuridad, al parecer vio algo que yo no vi, por reflejo corrí yo también. Matos gritó: - Aquí te mueres pendejo, aquí te mueres. Se oyeron un par de disparos las pisadas de Loco cesaron yo me tiré al suelo y me tapé los oídos. Los disparos me habían ensordecido, pero recuerdo que grité y grité para saber donde estaba Loco.

Matos corría en mi dirección, podía sentir en la tierra el peso de sus pisadas, lo oí pasar a unos metros de mí sin que se percatara de mi presencia, iba detrás de Loco, gritaba con todo su pecho… después silencio… un grito de dolor, lo juro que no era coraje, era dolor… después silencio.

No me alcanzaba el aire para respirar, la mirada nublada con lo que creo que eran lágrimas.

La lámpara de Matos iluminaba desde el fondo de una zanja, me levanté como dormido viendo todo desde mi entumido cuerpo, sin temor baje por la lodosa pared de la zanja, me tuve que sentar para no resbalar tomé la lámpara y busqué a Matos quien todavía sostenía la pistola tenía la cabeza partida en dos, como una sandía que cae al suelo, un piedra sobresalía por entre las dos mitades todavía movía los ojos. Sentí asco de su miseria, no recuerdo bien pero creo que vomité.

Como gato subí por la pared de la zanja tratando de sostener la lámpara y huir de la muerte cuando pude salir me dediqué a buscar a Loco, le grité una y otra vez, pero lo único que me respondía era el silencio.

Supe que estaba cerca miré el zapato de Loco, yacía inmóvil boca abajo. Una gran mancha de sangre se dibujaba en su espalda.

Corrí y corrí…

Escuché un vidrio romperse el dolor del miedo se me había metido en las venas, alguien estaba en la casa, abrí bien los ojos, no tenía tiempo para pensar caminé despacio para tomar el bate de béisbol que guardo tras la puerta.

Sabía que tenía que alertar a Romelia, en el corredor se oía el eco de lo que pasaba abajo, el extraño caminaba y emitía sonidos que pretendían ser palabras, sentí el dolor en mi vientre, tal vez vendría acompañado, sabía que aunque me costara la vida defendería a Romelia, mi hija.

Puse un pie en el corredor, una ráfaga de aire frío entraba por la ventana rota y se me colaba por entre el camisón, pero lo único que podía sentir era miedo. Pude contar cuatro pasos de mi habitación al cuarto de Romelia, ella dormía tranquila.

Me acerqué a su cama con mi mano libre tapé su boca para evitar que gritara, ella asustada abrió los ojos no hubo necesidad de explicarle nada, parecía que en su mente había vivido este momento cientos de veces desde que su papá nos dejó.

Mansa y compuesta se puso de pie, cruzó sus brazos sobre su pecho en un gesto de defensa caminaba detrás de mí por instinto como un animalito asustado. Conforme nos acercábamos a las escaleras podíamos escuchar el eco, supimos que se trataba de una sola persona. Un hombre.

Creía en la íntima conexión entre una madre y sus hijos, pero no tenía idea de su poder, Romelia y yo nos hablábamos con telepatía, bajábamos las escaleras despacio esperando encontrar al extraño en la cocina, lo que nos dejaría el camino libre para salir por la puerta principal.

Despacio escalón por escalón, el extraño seguía en la cocina, caminábamos hacia la puerta el extraño dejó la cocina para encontrarnos caminó despacio hacia nosotros, su lenguaje no era amenazante, más bien parecía un chiquillo buscando refugio, su cara parecía como de cera, serio nos dijo: - Los dos están muertos. Se hizo el silencio.

– ¿Javi?, ¿qué haces aquí?, dijo Romelia - ¿lo conoces Romelia? – Vamos en la misma escuela. Mi miedo se convirtió en compasión – Muchacho ¿qué haces aquí?, ¿qué te pasó?, ¿quiénes están muertos? pregunté. Loco y Matos los dos están muertos.

Él después de la confesión cayó al suelo tapándose la cara con las manos... lloraba.

Romelia me miró con terror en su interior sabia que Matos estaba enamorado de ella.


Fabiola
Marzo, 2005

Wednesday, March 09, 2005

La mujer amarilla

La mujer amarilla me mira me sonríe me brinda toda su atención sin despegar sus ojos de mi, yo tengo algunos problemas para enfocarla pero, cuando lo logro sin pensarlo le sonrío, ella se ve complacida y enloquece en atenciones, puedo sentir que le gusto, ¿qué? estoy seguro que le encanto que me desea que no puede resistir tenerme entre sus brazos.

Pero, yo no tengo salida a mi me sólo me gusta una mujer y es la que me tiene entre sus brazos; es grande, digamos, enorme y suave, su aliento es mágico podría decir que me alimento de ella, por nada la cambiaría, ni por la sonriente mujer amarilla.

Ya no pongo atención, cierro los ojos me quiero refugiar en mi gran mujer, lloriqueo un poco para llamar su atención, ella me abraza, me sube y me baja, me sonrie, me habla suavecito, me da besitos en las mejillas, por último me pone el chupón.

Fabiola

Marzo 2005.

Milagro II


No hay nada peor que sentirse solo, pensaba mientras la besaba, puedo decir que estaba ahí más por usar el tiempo que por deseo, casi estoy seguro que ella hacía lo mismo.

El andén después de las diez de la noche estaba solitario…como nosotros, parecía una maldición todos en esta maldita ciudad nos sentíamos solos.

Llegaba la hora de retirarse; eso era un hecho, pero ¿cómo hacerlo?, separarnos nos traería la galopante realidad frente a nuestra piel.

Ella parecía como hipnotizada siguiendo con su lengua mis involuntarios impulsos, ¿voluntad? no la conozco, nadie me la ha presentado. Esperaba tal vez un milagro que me sacara de tal predicamento, irme sin irme, estar solo sin sentirme solitario, no cargar con nuestra falta de rumbo.

En resumen, no quiero hacer nada que venga de dentro, esperaba que un agente de Dios me salvara. Oigo a lo lejos el tren subterráneo, viene con su paso de hierro dispuesto a barrer con lo que se ponga en camino.

Mis ruegos han sido escuchados, me pregunto ¿quién soy yo para que Dios haga lo que le pido? no hay tiempo para pensar, lo que ya no tengo es tiempo; seguimos besándonos con abandono.

La sonriente cara del tren se asoma por el túnel es la señal que esperaba, no alcanzo a decir gracias… me separo de golpe… camino dispuesto a saltar al vacío miro el tren sé que es el que me llevará al cielo… Dios estoy seguro hace lo que le pido.

Recuerdo su voz gritando, para ser honestos es lo último que recuerdo.

Fabiola

Marzo 2005.


Friday, March 04, 2005

Astral

- Qué nadie va a decir nada? Dios mío, no es posible que nadie esté viendo.

Llevaba sentado ahí más de una hora era una junta a la que ella me había invitado, no tenía interés en el tema pero con tal de verla otra vez podía hacer lo que fuera. Todavía después de una hora de oír testimonios, preguntas y experiencias extraordinarias no me quedaba claro cual era el objetivo de estar sentado ahí. Especialmente cuando ella no se había aparecido.

Una mujer hablaba de su experiencia personal, de cómo había encontrado a Jesucristo. Mi mente merodeaba en los alrededores nada que realmente me llamara la atención hasta que presencie lo que yo le llamo el milagro.

Sentados en círculo, frente a mi una pareja … hombre y mujer tomados de la mano callados muy sonrientes. Me miraron al mismo tiempo y me hicieron una seña que me indicaba que viera lo que estaba apunto de suceder.

Un hilo de luz se comenzaba a distinguir, les salía de la cabeza, gradualmente se fue haciendo más y más grande, la habitación se iluminaba con una luz cálida y dorada, poco a poco, salían de su capullo estaba presenciando su nacimiento, su convertirse en mariposas pude distinguir forma y colores. La luz era ellos mismos desnudos buscaban salir del cuerpo presente. De vez en cuando me veían me sonreían en complicidad, salían poco a poco con placer en sus rostros.

De repente tuve ganas orinar, desde pequeño ha sido mi reacción al miedo, crucé fuerte las piernas para contenerme no podía dejar de mirarlos: eran bellos, luminosos, flotaban… no lo había notado pero tenía la boca abierta y la cara pálida. La gente seguía atendiendo el testimonio de la mujer, nadie notó nada.

Cuando salieron por completo, se reían de mi sorpresa y de mi facha, no podía cerrar la boca. Volaban en la habitación dando vueltas, se posaban en nuestras cabezas eran ligeros y juguetones.

Cruzaba las piernas. - ¿Qué nadie va a decir nada? ¿qué nadie ve nada? pensé, sin cerrar la boca.

Mi necesidad se hacía urgente. No debí de haber tomado tanto café. Ellos jugaban sobre la cabeza de la testimoniante, haciendo caras sacando la lengua. Me daba risa me concentraba para no soltar la carcajada ella fue más allá y empezó a imitar a quien hablaba, él por su parte imitaba a los que la escuchaban. Era como un acto de mímica como los del parque los domingos.

Me trataba de contener sin ningún resultado no pude más , mi risa en segundos se convirtió en carcajadas. Cruzaba las piernas con más fuerza.

Ellos se veían complacidos seguían haciendo bobadas a costa de los participantes sentí un húmedo aliento entre mis piernas, con gestos les indicaba que pararan por favor que aquello iba a ser un desastre, me lloraban los ojos de la risa, el tímido hilo de orina se convertía en un río… cedí… un abundante chorro se extendía en todo su esplendor pasando de mi silla en cascada al piso, la sensación era cálida y húmeda dejé de reírme.

De la risa pasé a la vergüenza me sentía expuesto, en ridículo, lo único que alcancé a hacer fue pedirle a mi Dios que me sacara de esa situación. La mujer calló todos me miraban incluso los seres de luz, a quienes les había cambiado la cara, puedo jurar que sentían pena por mi.

Me levanté con el pantalón empapado y dije: - ¿Qué nadie va a decir nada?

Fabiola
Marzo 2005

Monday, February 28, 2005

El Todoismo

¿Qué es lo que te está proponiendo?

Ella hablaba como si Corso no estuviera en el cuarto, y sólo se dirigía a Bernardo.

Me esta invitando a participar en un Club de la Pelea que está detrás de la pizzería del Centro.

¿Nooooo?, ¿Habla en serio?, ¿Qué no sabe de tu afiliación con Amnistía Internacional?, en principio deberías de estar en desacuerdo.

Bernardo con roja mirada observaba a Corso, sin hacer caso de Julieta. Siguió averiguando sobre la propuesta.

Corso no se había oido el comentario de Julieta, continúo.

Pero más que eso Bernardo, quisiera que reflexionaras conmigo acerca de la religión que he empezado a profesar.

Corso, háblame sobre la pizzería y los madrazos.

¿Qué es lo que quiere ahora?, ¿Te quiere evangelizar?

Cállate Julieta déjame escuchar, esto es importante.

Julieta se fue a una esquina, se hizo bolita, la cabeza en las rodillas, comenzó a hacer sonidos guturales que impregnaban de malestar el ambiente.

Corso, ensimismado no oía a Julieta y trataba de expresar su idea.

Mira se llama el Todoismo, y básicamente se trata de que Todo es de todos, y que nada es de nadie.

Bernardo con su roja mirada buscaba la verdad detrás de sus palabras.

¿Cómo esta eso?

Sí, nada es tuyo, nada es mío. Todo es de todos, y esto se aplica a todos y cada uno de los aspectos de la existencia humana.

Bernardo sintió como se le era revelada una de las Verdades Universales.

Corso prosiguió.

Todas tus pertenencias son ilusiones, y la única manera de no desilusionarse es no poseer nada. Cuando estas libre de desilusión vendrá naturalmente la Felicidad. Simple y complicado a la vez.

Bernardo recapitulando: - Nada es mío, eso es. La cosa es no tener nada, para no estar atado a nada.

Bernardo necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que había descubierto. Había olvidado la inicial propuesta de unirse al Club de la Pelea. Sus pesados pies lo llevaban afuera, necesitaba tabaco para dejar que sus células absorbieran el nuevo conocimiento.

Cuando regresó a la habitación, con la Verdad en su cabeza, encontró a Julieta con la boca ocupada, no precisamente conversando mientras Corso mantenía la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

Los ojos de Bernardo supuraban fuego, no pudo articular palabra y lo que salió de él fue un gruñido, al que Julieta reaccionó dejando de hacer lo que hacía para escapar del animal salvaje que había imaginado.

Corso se cerró la bragueta y se le tiró a los brazos a Bernardo, esperando recibir un abrazo fraternal.

Al final si hubo madrazos.

Lo que después entendió Bernardo fue que Corso le había dado lo que deseaba: 1) Aquella Verdad que lo llevaría a la Felicidad de una forma hipotética, y 2) la certeza que lo llevó al éxtasis, el Club de la Pelea en su propia casa.


Fabiola

Último de Febrero.

Los personajes que aqui se presentan son ficticios, cualquier similitud con la realidad es obra de la casualidad.

Que día es hoy?